El principal investigador ha detallado los sobrenombres que utilizaban quienes ahora se sientan en el banquillo por el espionaje al ex tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas.
El tribunal frena en seco los intentos de los acusados de Kitchen de suspender el juicio.
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Autor: Joaquím Vera
Publicat el: 13 d’abril de 2026
No todas, pero una buena organización criminal que se precie utiliza en sus comunicaciones sobrenombres, en vez de nombres reales, para proteger las identidades de sus miembros, o de terceros. Y, sobre todo, para dificultar las investigaciones. Apodos que se suelen basar en la apariencia, en el lugar de origen o en los rasgos de la personalidad del delincuente. Los presuntos implicados en el operativo ilegal Kitchen, para espiar al extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas, también. El ex comisario José Manuel Villarejo, curtido en asuntos turbios, daba cuenta en sus agendas y grabaciones de los apodos de la trama, por los que este lunes, la Fiscalía Anticorrupción se ha interesado en la primera ronda de testigos que ha desfilado por la Audiencia Nacional: El Cocinero, Chisco, Cospedín… y El Asturiano o El Barbas, a quien el responsable de la investigación identifica como el expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
—Queda claro en un oficio de 2020, gracias a una conversación entre Villarejo y Ana Rosa Quintana -y sus respectivas parejas- en la que el policía relata la Operación Kitchen por la que, según dice, podría estar preso. Se refiere a Francisco Martínez [exsecretario de Estado de Seguridad], diciendo que si llega hasta él, tirará hacia arriba, hasta El Barbas, El Asturiano. En un momento explica literalmente que El Asturiano es el mote que tienen para referirse a Rajoy. No cabe duda.
El exjefe del Gobierno, que tiene sentada en el banquillo de los acusados a su cúpula del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional, se sentará como testigo ante el tribunal que juzga la presunta trama parapolicial en diez días, pero su nombre ha saltado ya a la palestra. El agente de Asuntos Internos aseguró en un informe durante los primeros compases de la instrucción que había indicios de que El Asturiano estuviese al tanto de la trama que tenía como finalidad robar a Bárcenas información que pudiese poner en apuros al Partido Popular. Sin embargo, el instructor Manuel García Castellón nunca tiró de esta línea. Este lunes, Anticorrupción no ha querido desaprovechar la oportunidad para que el inspector ratifique quién estaba supuestamente detrás de los sobrenombres de El Asturiano o El Barbas.
¿Cómo se llegó a esa conclusión que, según el uniformado con placa 111.470, está “muy clara? Todo parte de distintas pruebas que fueron halladas en la casa de Villarejo, acusado en este asunto junto al extitular del Interior, Jorge Fernández Díaz, y su exnúmero dos, Francisco Martínez, como anotaciones en sus agendas o audios fruto de sus grabaciones clandestinas. En un primer momento, tal y como ha relatado el inspector, se tenía como pista que El Asturiano era alguien con alta jerarquía, que contaba “con capacidad” para cesar a altos mandos policiales, como el exresponsable de Asuntos Internos Marcelino Martín Blas y “con mano” con el exsecretario de Estado de Seguridad. Pero en ese momento no se podía ser “del todo taxativo” porque no se contaban con todos los elementos. “No es algo que pudiese afirmar a la ligera”, ha recalcado.
Más tarde apareció una conversación. Una grabación entre el excomisario y el abogado Javier Iglesias, en la que el primero amenaza con tirar de la manta si no se cumplen sus exigencias, se refiere a El Barbas como alguien “que no sale de casa [por La Moncloa], que solo lee El Marca”. En esa charla, Villarejo exigió una conversación con la cúpula de Interior, pero que también trasladasen su postura a El Barbas, por lo que se descarta que fuese el ministro. Finalmente, la reunión con la presentadora Ana Rosa Quintana, donde explica “literalmente” que es el expresidente del Ejecutivo.
—Me lo llevo por delante, le busco una avería [refiriéndose a El Asturiano] …
Esa conversación aparece reflejada, dos días después, en las agendas del excomisario, quien apuntó al lado del nombre de Iglesias “a Raj” para encuentro con “número uno” y “número dos”; nombres con los que se refería al ministro y su mano derecha en Interior: primero como jefe de Gabinete y más tarde como Secretario de Estado de Seguridad.